Antes de que existiera Mesafina Catering, ya había una comunidad que seguía a Pierina De la Borda y una conversación que se había construido con el tiempo, primero desde Arequipa y luego desde Lima. Cuando empezó a compartir recetas después de mudarse sola, descubrió que aquello que ocurría naturalmente en redes podía convertirse en algo más. Años después, tras cerrar inesperadamente su primer restaurante, esa misma capacidad de conectar con las personas encontró una nueva forma de expresarse: una marca donde la comida, los detalles y la hospitalidad parten de una convicción que Pierina ha mantenido incluso cuando el camino cambió de dirección.

Cuando el camino obliga a cambiar de mesa
Pierina empezó a crear contenido hace ocho años, cuando todavía vivía en Arequipa. La mudanza a Lima marcó una etapa distinta. Le tocó aprender a cocinar y, casi sin proponérselo, las recetas comenzaron a ocupar un lugar importante en la relación que mantenía con quienes la seguían. Las preguntas, los pedidos y esa cercanía cotidiana le hicieron entender que había algo más allá del contenido.
Así nació la idea de abrir un restaurante de comida saludable. Era un proyecto al que estaba profundamente vinculada, pero tuvo que cerrarlo de manera inesperada por circunstancias ajenas a ella. La experiencia fue difícil, aunque con el tiempo adquirió otro significado. En lugar de quedarse en la pérdida, Pierina decidió preguntarse qué podía hacer con lo aprendido y cómo podía volver a empezar. De esa necesidad de reinventarse nació Mesafina, un proyecto de catering que conserva parte de aquella primera intención, pero que también habla de una mujer que aprendió a moverse sin perder de vista quién es.
Esa capacidad de adaptarse atraviesa su manera de entender el emprendimiento. Pierina no habla de un recorrido ordenado ni de una fórmula que siempre funciona. Habla de obstáculos, decisiones y oportunidades que aparecen precisamente cuando los planes dejan de responder como uno esperaba. También de una forma de compartir su propia experiencia que no separa los momentos favorables de las dificultades que existen detrás de cualquier proyecto.
Cuando lo bonito tiene que sostenerse
En el universo de Pierina, cuidar los detalles nunca ha significado quedarse en la apariencia. Su trabajo como creadora de contenido le enseñó que lo visual tiene un peso evidente, especialmente en un entorno donde una imagen suele ser la primera puerta hacia una marca, una experiencia o una persona. Pero también le enseñó que una imagen atractiva pierde sentido cuando no existe algo verdadero detrás.
Por eso, en Mesafina Catering, la estética ocupa su lugar, pero no reemplaza aquello que la sostiene. La presentación puede llamar la atención, pero el producto tiene que responder después. Pierina prefiere invertir en buenos insumos y mantener una calidad de la que pueda sentirse orgullosa antes que reducir costos a costa de aquello que considera esencial. En esa decisión hay una idea sencilla, aunque cada vez menos frecuente: los detalles también son una manera de respetar a quien confía en tu trabajo.
La misma lógica aparece en su relación con las marcas. A lo largo de estos años ha rechazado colaboraciones que no tenían sentido para ella porque entendió que la confianza de su comunidad tiene un valor que no puede medirse únicamente en alcance. Es una elección que también define su manera de emprender. No todo lo que funciona en el corto plazo necesariamente construye algo que merezca permanecer.



La relevancia pasa, la confianza permanece
La exposición pública tiene sus propias exigencias. Estar vigente, publicar con frecuencia y entender las tendencias puede convertirse fácilmente en una carrera que no deja demasiado espacio para preguntarse qué vale la pena sostener. Pierina ha aprendido a tomar cierta distancia de esa lógica. Sabe que el alcance puede ser importante, pero también que no todo lo que genera números genera valor.
Esa distinción resulta todavía más importante cuando una creadora se convierte en emprendedora. La persona que aparece en redes y la mujer que toma decisiones detrás de una empresa pueden parecer dos versiones distintas, pero en el caso de Pierina comparten el mismo principio: la confianza no se construye de un día para otro y puede perderse mucho más rápido de lo que tomó ganarla.
En Mesafina, esa idea se traduce en una decisión concreta de crecer sin hacerlo a cualquier costo. La intención es construir una marca que pueda permanecer, incluso cuando cambien las plataformas, los algoritmos o las tendencias. Pierina entiende que la relevancia puede abrir una puerta, pero que es la credibilidad la que permite seguir entrando por ella.
Hay una madurez particular en esa mirada. No se trata de renunciar a lo que ocurre en el mundo digital, sino de no permitir que sus reglas terminen definiendo por completo una identidad. Pierina sigue creando, compartiendo y mostrando su trabajo, pero desde un lugar que conserva algo de aquella mujer que empezó a publicar recetas en Lima y descubrió que su comunidad podía acompañarla también en otros proyectos.
Lo que queda cuando cambia la tendencia
Cuando piensa en el futuro, Pierina no habla de cifras ni de reconocimiento. Tampoco imagina un legado construido alrededor de una sola empresa. Lo que quisiera dejar es una historia capaz de acompañar a alguien que todavía está intentando encontrar su propio camino, especialmente cuando ese camino no resulta como lo había imaginado.
Para ella, reinventarse no es una señal de fracaso. Es parte del proceso. Haber tenido que cerrar un restaurante, comenzar de nuevo y construir Mesafina Catering le permitió entender que también se puede avanzar desde la incertidumbre. Que tener miedo no invalida una decisión y que equivocarse no obliga a quedarse en el mismo lugar.
Pierina quiere que su historia recuerde algo que suele perderse entre discursos sobre éxito y emprendimiento: la perseverancia y la disciplina importan tanto como el talento, pero la capacidad de adaptarse puede ser decisiva cuando las circunstancias cambian. No siempre se trata de tener menos obstáculos. A veces se trata de decidir qué hacer con ellos.
Quizá por eso su historia no termina realmente en Mesafina. La marca es parte de ella, pero también es consecuencia de todo lo que ocurrió antes. De una comunidad construida durante años, de una primera apuesta que no pudo continuar y de la decisión de volver a intentarlo sin fingir que el camino había sido sencillo.

Si algún día alguien recuerda a Pierina De la Borda, probablemente importará menos cuántas tendencias atravesó o cuántas veces apareció en pantalla. Importará que, cuando tuvo que empezar otra vez, encontró una manera de hacerlo sin dejar atrás aquello que había construido con las personas. Porque una comunidad puede seguir a alguien por lo que publica, pero permanece cuando reconoce algo más difícil de sostener: una voz que no cambia cada vez que cambia el escenari
Escribe: Nataly Vásquez



